Docente y traductora, licenciada en lengua y literatura rusa, colaboradora de Prensa Latina
Rusística en Cuba cumple 60 años (II y final)
Numerosos y notables hitos han marcado de manera decisiva e indeleble la amistad entre los pueblos de Cuba y Rusia a lo largo de los años. El nacimiento de la Rusística en Cuba en los albores de 1962, acontecimiento histórico convocado por el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y el primer grupo de Rusistas en 1964, constituyen sin duda una cultura y una amistad extraordinarias que merecen ser recordadas siempre.
La memoria de tan significativo hito debe ser preservada más allá de la existencia de sus protagonistas cubanos y soviéticos -aunque afortunadamente hay más presencias que ausencias- para insertarse en los anales de los afectuosos e indisolubles lazos que unen a nuestros pueblos. Con razón se dice que la memoria es la expresión suprema de la nobleza humana.
Por «ruso» en su sentido más específico se acostumbra a entender la ciencia lingüística que se dedica al estudio del estado actual de la lengua rusa.
Algunos llaman a esta área de conocimiento “Filología Rusa”. En un sentido más amplio y contemporáneo, «ruso» engloba un conjunto de ciencias que abordan, cada una a su manera, la lengua como tal, la metodología de su enseñanza, la comunicación, la etiqueta verbal, la literatura, el pueblo con sus rasgos distintivos y costumbres. , historia, incluyendo el folclore, la cultura artística y material en su más amplia diversidad.
Como resultado, esta segunda concepción se caracteriza por un enfoque muy completo de la riqueza y amplitud del modelo civilizatorio ruso. Algunos llaman a esta vasta área de conocimiento en el mundo de habla hispana «Estudios Rusos», los anglófonos prefieren «Estudios Rusos». En nuestro entorno insular el término en boga es «ruso».
La enseñanza de rudimentos básicos del idioma ruso en Cuba, según fuentes comprobables, se inició, de manera limitada, en la primera mitad del siglo XX. Suele decirse que entre 1928-1936 Ekaterina Blagoobrazova, madre de Alejo Carpentier, enseñó ruso en la capital.
En octubre de 1942 Cuba se unió a la Coalición Anti-Hitler, estableció relaciones diplomáticas con la URSS y en el Instituto Cultural adscrito a la Embajada soviética se enseñó el idioma de Alexander Pushkin hasta el golpe de Estado de Batista en 1952, cuando el 2 de abril provocó la ruptura de las relaciones.
Con el triunfo de la Revolución se restablecieron y profundizaron los vínculos, y se hizo más actual el aprendizaje del idioma ruso. En 1960 y 1961 aparecieron los primeros cursos de corta duración en entidades gubernamentales y en las nacientes escuelas de idiomas. La comunicación interlingüística estuvo entonces asegurada por un pequeño grupo de soviéticos hispanos y los primeros traductores soviéticos.
Así, en la lluviosa tarde del 22 de diciembre de 1961, la entonces Praça Cívica acogió el acto culminante de la Campaña Nacional de Alfabetización.
Aquel día impactante, Fidel presentó una propuesta masiva de becas para jóvenes alfabetizadores, conocida como Plan Nacional de Becas del Gobierno Revolucionario, que, a mi juicio, se convertiría en uno de los pilares esenciales sobre los que se sustentaría y proyectaría el desarrollo. de la cultura nacional en los últimos 50 años.
La convocatoria de estudio lanzada por el líder de la Revolución a los jóvenes incluía dos opciones sorprendentemente innovadoras:
“Necesitamos que 2.300 graduados de octavo grado ingresen como becarios… para profesores de idioma ruso… recibirán instrucción que los capacitará como profesores de idioma ruso…”
“Necesitamos también 200 bachilleres que estudien y se capaciten para desempeñar diversas funciones: intérpretes, traductores, en organismos del Estado…”
El sorpresivo y trascendental llamado de Fidel, en esta área nunca antes explorada, delineó el hasta ahora inimaginable proyecto de formación masiva en la Isla con fines profesionales, y apego a un rígido diseño curricular, además de simples improvisaciones, de profesores y traductores de habla rusa. . /intérpretes.
La insólita empresa, según algunos una hermosa utopía con un colosal trasfondo de locura, fue tan revolucionaria en su concepción como en su magnitud.
Supuso trazar y abrirse paso por un camino desconocido, creando un gran taller de experimentación con recursos técnicos especializados muy limitados y casi nula experiencia, incluso por parte de no pocos profesores soviéticos, para quienes su labor en Cuba se convirtió en un supremo desafío como pedagogos. y falsificadores de la todavía muy incipiente metodología para la enseñanza del ruso como lengua extranjera, en particular, a gran escala y fuera del entorno lingüístico.
En las primeras semanas de 1962, la Escuela Secundaria Básica para Profesores de Idioma Ruso “Máximo Gorki” y el Instituto de Idiomas “Pablo Lafargue” comenzaron a nacer en los barrios elitistas de Flores y Miramar.
Con el entusiasmo inagotable de esa situación irrepetible, con la certeza de que el país vivía en una época en que lo imposible era factible, se llevó a cabo por primera vez en el hemisferio la formación masiva de rusos. Así, inició desde cero el estudio profesional de una lengua y una cultura, sin duda, más que exóticas para la época de este lado del Atlántico.
El colosal desafío se asumió con la absoluta convicción de que era necesario aprender ruso, que era una nueva misión impuesta por las circunstancias. Con urgencia, sin reservas ni vacilaciones, se dispuso a pulverizar lo imposible, destruir mitos, saltar cualquier abismo, real o supuesto, por insalvable que a primera vista pudiera parecer.
La tropa sui generis solo tenía en su crédito académico segundo o tercer año de Secundaria Básica, pero sentía una sed insaciable de aprender.
Y lo más importante, los que aún eran brigadistas, el llamado segundo ejército de la Revolución, llevaban en su corazón adolescente la invaluable experiencia piramidal de la Campaña de Alfabetización que les había dado una fuente eterna de energía, ímpetu y tenacidad, privilegio privado de una generación única de cubanos.
Dificultades obeliales se veían en el horizonte y se vislumbraban enigmas insondables. Se podría conjeturar o predecir que no faltarían escollos y vericuetos, pero con absoluta certeza también habría torrentes de brío, entusiasmo y alegría para desentrañarlos y superarlos. De esta manera, el escenario y una parte de los protagonistas coincidieron.
Con la llegada de los profesores soviéticos, la idea inicial comenzaría, lenta pero inexorablemente, a materializarse, una experiencia única –repito– sin precedentes en Cuba, ni paralela en toda la geografía del llamado Nuevo Mundo.
Como tantos otros tiempos y en distintas circunstancias, aquella generación comenzó -en el sentido más estricto de la expresión banal- a «recorrer el camino».
Entonces nos enfrentamos al desafío sin precedentes de debutar en el estudio del idioma ruso. Aprender ruso puede convertirse en una batalla edificante, pero siempre sin fin… ni por capitulación, ni por armisticio. Con el ruso es imposible obtener una respuesta sobre un tema sin ser arrastrado por una corriente de preguntas nuevas e inquietantes sobre otros concomitantes. Sobre todo, si se pretende dominarlo desde una perspectiva filológica, como objeto de estudio y con fines profesionales.
Para siempre, y como si fuera ahora, recordaré mi primera clase de ruso. Asimismo, nunca podré olvidar a mi primera maestra: Nina Shestakova. Grabé una imagen de ese primer encuentro para la eternidad: ella -toda blanca, pelo muy rubio, casi blanco, pelo corto, nariz respingona muy rusa, ojos claros, mejillas rojas como una manzana- haciéndonos repetir ante la página 9 del ruso. lenguaje de Nina Potapova:
«Урок 1. Вот дом. Вот мост. Дом тут? Да, дом тут. Вот мост. ¿Debes hacerlo? Да, он там»*.
Esa tarde, al recibir la primera clase, como en una ceremonia de iniciación, sin darnos cuenta ni darnos cuenta de que estábamos viviendo un hecho trascendental, nos convertimos en actores directos del nacimiento de la Rusística en Cuba. (Él sigue)
*(«Lección 1. Esta es la casa. Este es el puente. ¿La casa está aquí? Sí, la casa está aquí. Este es el puente. ¿El puente está allá? Sí, el puente está allá»).